Morena y el laberinto de la narcopolítica: ¿Un partido condenado a repetir los errores del pasado?

Análisis Político

La acusación contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por vínculos con el narcotráfico no es un caso aislado, sino la punta del iceberg de un problema estructural que ha marcado las campañas y gobiernos de Morena. ¿Cómo es posible que, tras cinco años de la llamada ‘Cuarta Transformación’, el fantasma de la narcopolítica siga acechando al partido en el poder? Este análisis desentraña las contradicciones, los riesgos y las consecuencias de una relación tóxica que amenaza con manchar irreversiblemente la credibilidad de un proyecto político que prometía limpieza.

  • Morena y el crimen organizado: El caso Rocha Moya es solo uno de múltiples señalamientos contra Morena por presuntos vínculos con el narcotráfico en al menos seis estados durante las elecciones de 2021 y 2024. ¿Es casualidad o una estrategia deliberada?
  • Elecciones bajo sombra: En 2021, Morena ganó en estados clave como Sinaloa, Michoacán y Guerrero, donde el crimen organizado tiene una presencia dominante. Las denuncias de violencia, intimidación y apoyo logístico a candidatos de Morena fueron sistemáticas, pero los tribunales electorales las minimizaron.
  • LaOEA y la ONU alertaron: Organismos internacionales documentaron la injerencia del crimen organizado en las elecciones mexicanas, pero el gobierno de López Obrador desestimó las críticas. ¿Falta de voluntad política o complicidad?
  • El patrón se repite: Desde el financiamiento ilegal de empresas vinculadas al huachicol hasta la presencia de cárteles en campañas, Morena ha sido señalado repetidamente. La reciente acusación de EE.UU. contra Rocha Moya y nueve funcionarios más confirma lo que muchos denunciaban: el problema no es coyuntural, es sistémico.
  • Consecuencias irreversibles: Si Morena no rompe radicalmente con estas prácticas, su proyecto de ‘transformación’ quedará irrevocablemente asociado a la corrupción y la delincuencia. La credibilidad internacional de México está en juego, y con ella, la estabilidad social y económica del país.

Rubén Rocha Moya junto a Andrés Manuel López Obrador durante un acto de campaña en Sinaloa en 1998.
Foto: Jorgeinzu · Fuente: Wikimedia Commons · Licencia: Creative Commons Atribución–Compartir Igual 4.0 · Uso editorial

El anuncio del Departamento de Justicia de Estados Unidos acusando al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a otros nueve funcionarios de vínculos con el Cartel de Sinaloa ha reavivado un debate que México intentaba enterrar: ¿hasta qué punto el narcotráfico ha infiltrado las instituciones del país, especialmente aquellas controladas por Morena? La respuesta no solo es incómoda, sino que amenaza con desvelar una verdad incómoda: la narcopolítica no es una excepción en el México de la ‘Cuarta Transformación’, sino una regla que se repite con alarmante frecuencia.

Este no es un caso aislado. Es la culminación de una serie de señalamientos que se han acumulado desde 2021, cuando Morena y sus aliados ganaron gubernaturas en estados dominados por el crimen organizado, como Sinaloa, Michoacán, Guerrero y Tamaulipas. Las denuncias de violencia, intimidación y apoyo logístico a candidatos del partido en el poder no fueron casuales. Fueron sistemáticas. Y, sin embargo, los tribunales electorales, en una serie de fallos que huelen a impunidad, las desestimaron una y otra vez.

Morena y el crimen organizado: una alianza peligrosa

La relación entre Morena y el narcotráfico no comenzó con Rocha Moya, pero su caso es el más emblemático. En 2021, el Cartel de Sinaloa no solo operó para asegurar la victoria de Rocha Moya, según las acusaciones de EE.UU., sino que también intervino en al menos otros seis estados donde Morena ganó. En Michoacán, el entonces gobernador Silvano Aureoles presentó un expediente contundente que documentaba la intervención del crimen organizado en favor del candidato de Morena, Alfredo Ramírez Bedolla. El Tribunal Electoral reconoció la violencia, pero la consideró ‘focalizada’ y no determinante. ¿Cómo puede un proceso electoral ser justo cuando el crimen organizado impone condiciones de terror?

En Guerrero, otro estado bajo control de Morena, las elecciones de 2021 estuvieron marcadas por el asesinato de candidatos de la oposición y la presencia de grupos armados en casillas. La OEA y la ONU advirtieron sobre la gravedad de la situación, pero el gobierno de López Obrador restó importancia a las críticas. ¿Falta de sensibilidad o cálculo político? La respuesta es evidente: Morena necesitaba esos estados para consolidar su proyecto hegemónico, y el costo humano y democrático era un mal menor.

Elecciones bajo la sombra del narco: un patrón que se repite

Las elecciones de 2021 no fueron un episodio aislado. En 2024, durante la elección presidencial, la oposición denunció nuevamente la intervención del crimen organizado, esta vez a escala nacional. Las impugnaciones presentadas por PRI, PAN, PRD y la candidata Xóchitl Gálvez señalaban un contexto de violencia generalizada, especialmente en estados como Tamaulipas, donde Morena ganó con el apoyo de grupos delincuenciales. El Tribunal Electoral volvió a minimizar las denuncias, pero el daño ya estaba hecho: la sombra de la narcopolítica se extendía sobre todo el país.

El caso de Tamaulipas es paradigmático. Morena ganó con Américo Villarreal Anaya como candidato, un político con vínculos conocidos con Sergio Carmona, el ‘rey del huachicol’ asesinado en 2021. Según el exconsejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, Carmona no solo financió a Morena, sino que fue ‘parte fundamental del engranaje electoral del partido en el norte del país’. ¿Cómo puede un partido que se jacta de su ‘moralización’ permitir que figuras como Carmona operen en su beneficio?

La complicidad institucional: ¿Falta de voluntad o encubrimiento?

Lo más preocupante no es que el crimen organizado intente influir en las elecciones, sino que instituciones clave, como el Tribunal Electoral y el INE, hayan validado procesos viciados. En Sinaloa, el candidato opositor Mario Zamora denunció el secuestro de militantes, el robo de urnas y la intimidación sistemática contra votantes. El tribunal estatal desestimó las pruebas y confirmó el triunfo de Rocha Moya. ¿Dónde queda la justicia cuando los árbitros del proceso electoral son cómplices silenciosos?

La OEA y la ONU no se equivocaron al alertar sobre la gravedad de la situación. En 2021, Michelle Bachelet, entonces alta comisionada de la ONU, expresó su preocupación por los niveles de violencia y el asesinato de 91 políticos durante el proceso electoral. La OEA recibió un expediente de 50 páginas que documentaba la injerencia del crimen organizado en al menos 15 estados. Pero el gobierno mexicano hizo oídos sordos. ¿Por qué? Porque la ‘Cuarta Transformación’ necesitaba victorias, incluso si estas estaban manchadas de sangre y narcotráfico.

Consecuencias: un país en la encrucijada

Las acusaciones contra Rocha Moya no son solo un problema para Morena; son un problema para México. La credibilidad internacional del país está en juego. Si un gobernador puede ser acusado de narcopolítica con pruebas contundentes, ¿qué queda de la narrativa de López Obrador sobre un México ‘purificado’? La relación entre México y Estados Unidos, ya tensionada por diferencias comerciales y migratorias, podría agravarse aún más si se confirma que el narcotráfico ha infiltrado las instituciones mexicanas.

A nivel interno, el costo es aún mayor. La desconfianza en las instituciones electorales y en el sistema judicial crece día a día. Si los ciudadanos perciben que el crimen organizado dicta las reglas del juego político, la democracia mexicana quedará reducida a una farsa. Y Morena, que llegó al poder prometiendo limpieza y justicia, será recordado como el partido que profundizó la corrupción.

El fantasma de la narcopolítica no es nuevo en México, pero su persistencia bajo un gobierno que se autoproclama ‘transformador’ es una traición a las esperanzas de millones de mexicanos. La pregunta que queda en el aire es: ¿Morena está dispuesto a pagar el precio de romper con este círculo vicioso, o seguirá ahogándose en su propia hipocresía?

¿Qué sigue? El futuro de Morena y la democracia mexicana

Las elecciones de 2027, donde se renovarán 17 gubernaturas, serán un termómetro clave. Si Morena repite los mismos patrones de 2021 y 2024, el país enfrentará una crisis de legitimidad sin precedentes. Las acusaciones de EE.UU. contra Rocha Moya podrían ser solo el comienzo. ¿Habrá más extradiciones? ¿Se destapará la caja de Pandora de la narcopolítica en Morena?

Lo cierto es que, si Morena no toma medidas drásticas para desvincularse del crimen organizado, su proyecto político quedará irreversiblemente asociado a la corrupción. Y México, un país que ya sufre los estragos de la violencia, no puede permitirse un gobierno que negocie con la delincuencia en lugar de combatirla.

El caso Rocha Moya no es un escándalo más. Es una advertencia. Una advertencia de que, en México, el poder y el narcotráfico han tejido una alianza peligrosa, y que, si no se rompe a tiempo, las consecuencias serán devastadoras para las instituciones, la democracia y el futuro del país.

Epílogo: ¿Hay salida?

La respuesta es sí, pero requiere valentía política. Morena debe expulsar a quienes han manchado su bandera con sangre y narcotráfico. Debe colaborar plenamente con las investigaciones internacionales y nacionales. Y, sobre todo, debe demostrar que su proyecto de ‘transformación’ no es una farsa, sino una realidad.

De lo contrario, México seguirá siendo un país donde el crimen organizado dicta las reglas, donde las elecciones se ganan con balas en lugar de votos, y donde la democracia es solo un espejismo. Y Morena, el partido que prometía cambiarlo todo, terminará siendo parte del problema.

La historia juzgará con dureza a quienes tuvieron la oportunidad de hacer las cosas bien y optaron por el camino fácil. La pregunta es: ¿querrán pasar a la historia como los salvadores de México o como sus verdugos?

La narcopolítica no es un fantasma del pasado en México: es una realidad que acecha el presente y amenaza con destruir el futuro. Morena tiene la oportunidad de romper con este círculo vicioso, pero el tiempo se agota. ¿Optará por la redención o por la complicidad?

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *