Trump busca más dinero y refuerzos militares para una nueva fase de la guerra en Irán: 200.000 millones de dólares y miles de soldados en juego
Internacional
El Pentágono solicita al Congreso un presupuesto histórico de 200.000 millones de dólares para financiar una ofensiva centrada en el sector energético iraní, mientras Trump evalúa el envío de miles de soldados. La guerra, que cumple cuatro semanas, enfrenta un giro hacia una escalada peligrosa con consecuencias globales para el petróleo y la estabilidad económica.
- ✅ Presupuesto récord: El Pentágono pide 200.000 millones de dólares al Congreso para financiar la guerra contra Irán, una cifra equivalente a casi la cuarta parte del presupuesto militar anual de EE.UU.
- ✅ Objetivos estratégicos: Destruir el programa de misiles, la industria militar iraní y evitar que el país obtenga armas nucleares. Además, se busca garantizar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, clave para el suministro global de petróleo.
- ✅ Refuerzos militares: Trump evalúa enviar miles de soldados adicionales a la región, donde ya hay 50.000 militares destacados. La posible ocupación de islas iraníes, como Jarg, y el control del estrecho de Ormuz son prioridades.
- ✅ División y ambigüedad: Aunque Trump afirma que «no enviará tropas», su discurso es ambiguo: «Si lo pensase, tampoco lo diría». Netanyahu, por su parte, sugiere una operación terrestre para derrocar al régimen iraní.
- ✅ Impacto económico: El precio del petróleo se dispara, amenazando la estabilidad de los mercados globales. Siete países, entre ellos Japón y aliados europeos, se comprometen a colaborar para estabilizar los mercados energéticos.
- ✅ Críticas y advertencias: Veteranos de la guerra de Irak advierten sobre los riesgos de una nueva guerra prolongada, mientras analistas señalan que cualquier ataque a la infraestructura energética iraní podría desencadenar represalias incontrolables.
- ✅ Falta de apoyo internacional: La OTAN y aliados clave, como los países europeos, se resisten a sumarse abiertamente al conflicto, lo que aumenta la presión sobre EE.UU. para buscar soluciones diplomáticas.
- ✅ Retórica triunfalista vs. realidad: Aunque el Pentágono afirma que EE.UU. está «ganando de manera decisiva», el fin del conflicto no parece cercano. La destrucción de infraestructura militar y submarinos iraníes no ha logrado doblegar al régimen.

Vista del Pentágono en Washington D.C., Estados Unidos (6 de abril de 2014).
Fuente: Paulo JC Nogueira · Licencia: Creative Commons Atribución-Compartir Igual 3.0 · Uso editorial
Este viernes se cumplen 23 años de las explosiones que marcaron el inicio de la invasión de Irak en 2003, un conflicto que se prolongó durante años, consumió miles de vidas y dejó una herida profunda en la credibilidad de Estados Unidos en Oriente Próximo. Hoy, en 2026, el país enfrenta una nueva guerra, esta vez contra Irán, que también amenaza con convertirse en un conflicto eterno. La ofensiva, iniciada hace cuatro semanas, entra ahora en una fase crítica: el Pentágono exige 200.000 millones de dólares adicionales para financiarla, mientras el presidente Donald Trump y sus aliados debaten el envío de miles de soldados a una región al borde del caos.
Un presupuesto récord y objetivos ambiciosos
El secretario de Defensa, Pete Hegseth —quien prefiere autodenominarse «secretario de Guerra»—, anunció que el Pentágono solicitará al Congreso un fondo adicional de 200.000 millones de dólares (172.600 millones de euros) para sostener la ofensiva. Esta cifra representa casi la cuarta parte del presupuesto militar anual de EE.UU., que ronda los 900.000 millones de dólares. El objetivo declarado es claro: destruir el programa de misiles y la industria militar iraní, y evitar que el país desarrolle armas nucleares.
Sin embargo, el mensaje del Pentágono choca con la realidad. Aunque Hegseth afirmó que EE.UU. está «ganando de manera decisiva» y que «los objetivos se están alcanzando según el plan», el fin del conflicto no parece cercano. En sus primeras declaraciones, Hegseth habló de cuatro a seis semanas para dar por finalizada la guerra; ahora, evita fijar plazos y deja la decisión en manos de Trump. «El fin lo decidirá el presidente», subrayó.
Refuerzos militares y escalada en el estrecho de Ormuz
La nueva fase de la guerra podría incluir el envío de miles de soldados adicionales a Oriente Próximo, donde ya hay 50.000 militares estadounidenses destacados. Según la agencia Reuters, estos refuerzos podrían utilizarse para ocupar islas iraníes en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el tráfico marítimo de petróleo, o incluso para tomar el control de la isla de Jarg, la principal terminal petrolera de Irán, atacada la semana pasada por Israel.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, alimentó esta posibilidad con unas declaraciones controvertidas: «No se puede hacer una revolución desde el aire (…), tiene que haber también un componente terrestre». Aunque el Pentágono no ha confirmado la decisión, fuentes citadas por Politico señalaron que se estudia incrementar las tropas con un grupo anfibio de 2.500 marines, trasladados desde el Pacífico, para asegurar el control del estrecho de Ormuz.
Ambigüedad y contradicciones en la Casa Blanca
Trump, que hace solo diez días aseguraba que la ofensiva «estaba casi acabada», mantiene un discurso ambiguo. En una reunión con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró: «No voy a mandar tropas a ninguna parte. Y si lo hiciera, no se lo diría». Sin embargo, horas después, la agencia Reuters filtró que el presidente evalúa el envío de miles de soldados, en coordinación con Israel.
El mandatario también aseguró que Tokio «cumplirá su papel» para apoyar a EE.UU., aunque evitó precisar en qué consistirá esa ayuda. «A diferencia de la OTAN, Japón está dispuesto a colaborar», afirmó. Además, Trump prometió estabilizar los precios del petróleo y devolver la tranquilidad a los mercados, un desafío cada vez más urgente ante la escalada de la guerra.
El petróleo como arma de doble filo
La infraestructura energética se ha convertido en el nuevo frente de la guerra. Los ataques israelíes contra el yacimiento de gas Pars Sur —el mayor de Irán— y la respuesta de Teherán contra Qatar han disparado los precios del petróleo, amenazando la estabilidad económica global. Siete países, entre ellos Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania y Holanda, firmaron un comunicado expresando su disposición a colaborar para garantizar el cruce seguro del estrecho de Ormuz y estabilizar los mercados.
Pero la realidad es que la guerra ya ha desatado el caos. Centenares de personas han muerto en el conflicto, y las represalias entre ambos bandos —como los ataques a infraestructuras energéticas— podrían desencadenar una escalada militar incontrolable. «Esta no es una operación limitada. Es una escalada potencialmente rápida e incontrolable», advirtió Danny Citrinowicz, exagente de inteligencia israelí y analista del Atlantic Council.
Falta de apoyo internacional y divisiones internas
La OTAN y los aliados europeos se resisten a sumarse abiertamente al conflicto, lo que aumenta la presión sobre EE.UU. para buscar una solución diplomática. Trump, por su parte, ha criticado a los socios de la OTAN por su falta de compromiso, tachándolos de «cobardes».
Mientras tanto, en el Congreso estadounidense, la oposición demócrata ha cerrado filas en contra del presupuesto adicional solicitado por el Pentágono. La cifra, equivalente a tres veces la ayuda militar enviada a Ucrania durante cuatro años, genera dudas sobre su aprobación, especialmente en un contexto de rechazo ciudadano a una nueva guerra.
¿Ganadores o perdedores?
El Pentágono asegura haber destruido 11 submarinos y 120 buques de guerra iraníes, además de diezmar su programa de misiles. Sin embargo, el régimen de Teherán sigue en pie, y las milicias aliadas en la región —como las kurdas— aguardan el momento para intervenir. «Allá por 2003, se nos dijo que la guerra en Irak sería rápida, barata y cambiaría las cosas. En su lugar, dilapidamos dos billones de dólares y dejamos un vacío de poder que fortaleció al régimen iraní», recordó Naveed Shah, veterano de la guerra de Irak y director de la organización Common Defense.
Con la economía global en jaque y el riesgo de una escalada militar sin control, la pregunta sigue en el aire: ¿logrará EE.UU. sus objetivos sin arrastrar al mundo a una crisis aún mayor?
El dilema de una guerra interminable
Lo cierto es que, tras cuatro semanas de conflicto, ni EE.UU. ni Irán parecen dispuestos a ceder. El Pentágono insiste en que la ofensiva «no será eterna», pero los hechos sugieren lo contrario. El presupuesto récord, los refuerzos militares y la retórica triunfalista contrastan con una realidad incierta: la guerra en Oriente Próximo está lejos de terminar, y sus consecuencias podrían extenderse más allá de las fronteras de Irán.
La guerra en Irán entra en una fase crítica: con un presupuesto récord de 200.000 millones de dólares y miles de soldados en juego, EE.UU. enfrenta el desafío de lograr una victoria rápida o arriesgarse a un conflicto prolongado con consecuencias globales. Mientras la retórica triunfalista del Pentágono choca con la realidad de una guerra sin fin a la vista, el mundo observa con preocupación cómo Oriente Próximo se encamina hacia una escalada militar cuyo desenlace nadie puede predecir.



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