Pakistán: del doble juego al enfrentamiento directo con los talibanes
El conflicto entre Pakistán y los talibanes escala a un enfrentamiento directo.
El ministro de Defensa paquistaní confirma una guerra abierta con los talibanes tras bombardeos en Kabul y otras provincias afganas.
- ✅ Pakistán bombardea instalaciones del Gobierno talibán en Kabul y otras provincias.
- ✅ El ministro de Defensa paquistaní confirma una guerra abierta con los talibanes.
- ✅ Los talibanes rechazan las acusaciones y amenazan con represalias.
- ✅ El conflicto se enmarca en una historia de doble juego y alianzas cambiantes.

Paisaje del norte de Pakistán (2015).
Foto: Abuzar Ilyas · Fuente: Wikimedia Commons · Licencia: Creative Commons Atribución–Compartir Igual 3.0 · Uso editorial.
El enfrentamiento entre Pakistán y el régimen talibán de Afganistán se ha agravado este viernes con bombardeos en Kabul y otras dos provincias afganas. Este evento no es solo una respuesta a los ataques talibanes contra varios puestos fronterizos paquistaníes el día anterior, sino un indicio de una escalada significativa en las tensiones entre ambos países.
Un cambio en la dinámica de poder
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, confirmó en sus redes sociales que “ahora hay una guerra abierta” entre ambos países. Este anuncio marca un punto de inflexión en las relaciones entre Pakistán y los talibanes, que históricamente han tenido una relación compleja y a menudo ambivalente.
El contexto histórico
Para entender la gravedad de este enfrentamiento, es crucial revisar el contexto histórico. Pakistán, o más precisamente su inteligencia militar, ha tenido un papel significativo en el ascenso al poder de los talibanes en Afganistán en 1996. Durante la intervención estadounidense de 2001, Pakistán sirvió como refugio para los dirigentes talibanes y, en ocasiones, hizo la vista gorda ante las incursiones desde su territorio contra las fuerzas occidentales.
La evolución del conflicto
Sin embargo, mucho ha cambiado desde entonces. La ideología ultramontana de los talibanes afganos encontró eco entre los grupos paquistaníes en las regiones tribales del otro lado de la frontera, principalmente entre los pastunes, que históricamente han sido marginados por Islamabad. Desde su fundación en 2007, el grupo de los talibanes paquistaníes, Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), se ha convertido en una amenaza significativa para el Gobierno paquistaní.
La violencia de los atentados del TTP, con centenares de víctimas civiles, desató una contundente respuesta militar por parte de Pakistán. Para mediados de la década pasada, muchos de los dirigentes del TTP habían sido capturados y su capacidad operativa reducida. Sin embargo, el regreso de los talibanes al poder en Kabul en 2021 dio un nuevo impulso al TTP. La porosidad de los 2.640 kilómetros de frontera y los lazos familiares entre las poblaciones de ambos lados de la linde han permitido que los talibanes paquistaníes se reorganicen y aumenten sus ataques contra el Estado paquistaní.
El grupo aspira, entre otras cosas, a imponer una estricta versión de la ley islámica y liberar a sus dirigentes. Islamabad acusa a Kabul de facilitarles un santuario, algo que el Gobierno talibán rechaza. No obstante, durante las últimas semanas, Pakistán ha sufrido una nueva oleada de violencia que ya no se limita a objetivos militares en las regiones fronterizas. Las autoridades han responsabilizado a un afgano del ataque suicida que mató a 36 personas en una mezquita chií de la capital el 6 de febrero.
Los choques entre las fuerzas de los dos países se vienen sucediendo desde hace meses. Pero lo ocurrido este viernes supone un salto cualitativo. Por primera vez, Pakistán ha bombardeado instalaciones del Gobierno talibán; es decir, ataca al régimen y no solo a presuntos objetivos terroristas dentro de Afganistán. Y lo que para Islamabad son “medidas antiterroristas”, para Kabul constituye una violación de su soberanía. De ahí el lenguaje amenazante de los portavoces talibanes y el riesgo de escalada.
Aunque los talibanes carecen de fuerza aérea y no son rival para el ejército paquistaní, tienen gran experiencia en la guerra asimétrica. A los ataques contra los puestos militares fronterizos se suma la amenaza de los terroristas suicidas, y la detección de pequeños drones en varias ciudades paquistaníes ya ha desatado la alarma.
El enfrentamiento entre Pakistán y los talibanes marca un punto de inflexión en la región. La escalada de violencia y las acusaciones mutuas indican un cambio significativo en la dinámica de poder. Mientras Pakistán busca proteger sus fronteras y mantener la estabilidad interna, los talibanes afganos enfrentan la presión de un vecino que ya no tolera su influencia en su territorio. El futuro de las relaciones entre ambos países sigue siendo incierto, pero el camino hacia la paz y la estabilidad parece cada vez más lejano.



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